Recordando partidas de caza
Noticias relacionadas
Poco más de siete kilómetros en torno a unos nueve minutos. Ya es correr. Y más con obstáculos por el camino. Eso es ir a casi 50 por hora. Como si de una contrarreloj ciclista se tratara. Para ser caballos desde luego que van rápido. Menos, desde luego, que en las carreras habituales, donde salen auténticos velocistas, pero mucho más que en la prueba de fondo de los Juegos Olímpicos o en los raids. Los caballos del Grand National se sitúan entre medias, aunque en su caso son fondistas, pues es la máxima distancia que corren los purasangres. Fondistas capaces de saltar obstáculos, que eso será menos noble pero sí más puro. Por algo el Grand National trata de rememorar las partidas de caza a caballo. De ahí las distancias y los obstáculos.
Siglos atrás, en Gran Bretaña, como en todo el mundo, se cazaba a caballo. Quien lo tuviera. La pieza, en este caso caza mayor, se perseguía campo a través, superando vallados y arroyos, hasta quedar exhausta o arrinconada y ser presa de la jauría antes de ser pasada a cuchillo. Las armas de fuego para la caza fueron poniendo fin a esta práctica. Los jinetes entonces comenzaron a desafiarse con carreras de pueblo a pueblo. No había zorros, jabalíes ni venados, pero sí una meta y una apuesta. La expectación creada llevó este tipo de pruebas a los hipódromos. El de Aintree está en su segundo siglo de celebraciones. El culto a las tradiciones, sagrado en Gran Bretaña, y el refinamiento hacen posible hoy en día esta carrera singular.




