En Mallorca, la fórmula de Sevilla
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Manzano es un estudioso del fútbol. Lo sabe ver bien. Lee los partidos antes de que se jueguen. Intuye, ordena y responde en la pizarra con demostrada maestría. Y el Madrid se le da bien. Le tiene cogido el punto al equipo blanco. Conoce sus flancos débiles y los ataca de forma implacable, para después lanzar sus armas contra Casillas y llevarse el botín limpiamente. Esto quiere decir dos cosas: que Schuster debe agudizar la táctica para estar a la altura de su colega y que los jugadores del Madrid han de sobreponerse al campo minado que hoy van a encontrar en el Ono Estadi. El guión anuncia a un Mallorca expeditivo, infatigable, presionante y elástico. Guti, Sneijder, Raúl y compañía han de mantener el mismo nivel que ante el Sevilla. Ni un escalón por debajo.
Y para que el Madrid responda a Manzano con aspiraciones de victoria la mejor fórmula será su propia medicina. Es decir, ser agresivo, ambicioso, querer el balón y protegerse atrás. Resultará fundamental para los blancos que no descuiden la defensa, un defecto que es la auténtica pesadilla de Schuster. Ramos y Marcelo son víctimas de su generosa vocación ofensiva, provocando desequilibrios que pagan Cannavaro y Heinze. Y esto es una temeridad si enfrente merodean Güiza, Jonás y Arango. Tres diablos cuando se les da metros. Manzano lo sabe, lo tiene escrito en el vestuario: aguantar, apretar, recuperar el balón y sorprender. Será un bonito duelo de entrenadores.



