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Más vale tarde que nunca

Más vale tarde que nunca

Cuando en el verano de 2004 se anunciaron los contactos del Real Madrid con la Real Sociedad para el fichaje de Xabi Alonso celebré las negociaciones con verdadera satisfacción. Siento debilidad por los centrocampistas clásicos (los que quitan, reparten y llegan) y Xabi, de entonces 22 años, me parecía un jugador a la altura del Madrid y una pieza fundamental para la reconstrucción del equipo. Sin nada que ganar, y con la única gratificación que supone apostar por alguien y presentirlo triunfador, el fichaje se convirtió para mí en una obsesión. Y la ansiedad crecía según pasaban las semanas y el acuerdo no terminaba de cerrarse.

Mi ofuscación llegó a tal punto que en una visita de Florentino a este periódico aproveché para advertirle de la importancia esencial de Xabi Alonso. Recuerdo que el presidente se zafó de mi insistencia con una pregunta: "¿Pero tú a quién prefieres, a Xabi o a Totti?". No supe qué decir para no parecer tonto. Lo que sucedió ya lo saben. Camacho prefirió a Vieira antes que a Alonso y el Madrid se quedó sin ninguno de los dos. A cambio, se fichó a Owen y Woodgate. Entretanto, Xabi se marchó al Liverpool y ganó la Copa de Europa.

Pueden imaginar que los fichajes de Emerson y Diarra no me han hecho cambiar de opinión, tampoco Gago. Cuatro años después, mis compañeros sobrellevan con paciencia mis brotes obsesivos y mis solemnes lamentos: el Madrid necesita un jugador como Xabi, ay. Por eso, en cuanto se ha abierto una vía para que Alonso juegue en el Madrid, todos han acudido a palmearme la espalda y me han reservado amablemente este espacio. Yo sé lo que piensan: si no es por el bien del Madrid, que sea por la salud de este pobre muchacho.