Una cantera al servicio de España

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Podrán venir de fuera estrellas consagradas, por consagrar o estrelladas. Pero el Madrid tuvo siempre una cultura que ha alimentado a nuestra Selección, que disfrutó del talento inagotable de esa cantera que sembró su semilla en la extinta Ciudad Deportiva y que ahora luce palmito y modernidad en Valdebebas. De la Red y Arbeloa son los últimos hijos de esa escuela cuyos profesores fueron Miguel Malbo, Mezquita y Del Bosque. Esos niños aprendieron a ser hombres con principios antes que futbolistas con finales. La Roja ha sido un escaparate para la cantera blanca del que nos hemos aprovechado durante varias décadas.
Imposible olvidar un España-Rumanía en los 70 (mi primer partido de la Selección in situ) con un golazo de Velázquez, uno de los ídolos de papá. Tampoco se me borrará de la memoria la noche loca de Butragueño en Querétaro, la primera en la que la grey blanca supo que podía ir a Cibeles a celebrar la conquista de títulos. Y qué decir de Camacho con la cabeza ensangrentada ante los norirlandeses, o de Michel clavándole tres a Corea en el estadio Friuli de Udinese, o de Rincón metiéndole goles como churros a los malteses, o de Raúl aplastando a los yugoslavos en Mestalla... Ahora quedan Casillas (¡capitán, ni un paso atrás!), el Kaiser de Getafe y el pitbull de Anfield. Una cantera al servicio de España...



