El equipo debe estar a la altura
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Todos los mitos de la Fórmula 1, y del deporte diría, han atravesado épocas de decadencia. Es algo inherente a la competición, en la que una parte de su grandeza consiste en que nadie tiene garantías de éxito. La gloria depende de tantos factores arbitrarios, que es fácil que el viento cambie de rumbo y entonces lo que ayer rezumaba el aroma del triunfo hoy desprenda cierto tufillo a fiasco. Y Fernando Alonso no iba a ser ajeno a esta realidad constatable con el paso del tiempo. Pero no debemos ser tremendistas ni derrotistas, es parte del juego. De acuerdo que con el asturiano estas reglas de la mediocridad nunca las habíamos manejado, a Dios gracias, lo que no quiere decir que tarde o temprano debiéramos enfrentarnos a una crisis severa. Como ésta.
Lo que más me preocupa es el cariz que pueda tomar la situación con el devenir de los acontecimientos. Ya sabemos que Fernando habla siempre claro, en ocasiones quizá demasiado, así que si su Renault le deja insatisfecho, lo dirá... y veremos cuál es la reacción de Briatore y sus adláteres. Es importante que el conjunto piloto-escudería se mantenga en sintonía, pase lo que pase, porque sólo así habrá esperanzas de reacción, de recuperación. Me contaba Carlos Miquel desde Malaisia que detectaba cierto desánimo en el equipo. Mal asunto. Porque si Alonso lo da todo en la pista, jugándose mucho más que el prestigio, quienes le acompañan no pueden ni deben perder el paso. Ése es el gran reto que habrá que superar en los próximos meses. O todo estará perdido...




