Comprando boletos para la rifa
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La sentencia de Competición abre un panorama diferente para castigar la violencia. Desde ya, cuando a un energúmeno le dé por disfrazarse de francotirador, deberá pensar que su gracia puede complicar a su equipo la lucha por el título o la permanencia y acarrear unos costes económicos gravísimos. Nos pasamos años y años detestando a los hooligans y tenemos muchos imitadores de ellos en nuestros campos. Resulta que en Inglaterra no pasan estas cosas. Al menos, respetan a los profesionales que saltan al campo. Me da igual San Mamés, el Bernabéu, el Camp Nou o el Ruiz de Lopera. Había que pegar un golpe en la mesa. Y el Betis lleva tiempo comprando boletos para la rifa. Juande cobró un buen botellazo hace un año, ahora le ha tocado a Armando, quien no ha perdido un ojo por milímetros y lloró de rabia en el vestuario cuando le telefoneó uno de sus hijos. Que no se ampare el club verdiblanco en que la agresión fue un hecho aislado. ¿Por qué acumula el Betis nueve de las diecinueve denuncias por lanzamiento de objetos que ha habido esta campaña? ¿Por qué es su cuarto cierre en doce años?
No se trata de que en Bilbao saquen pecho por haberse quedado, por ahora, con los tres puntos. Tampoco que en Sevilla se tiren de los pelos por la sanción. De entrada, el segundo partido estaría ya viciado. No se podría reanudar en las mismas condiciones. Nadie aseguraría, por ejemplo, que pudiese actuar Armando. Y de eso, que uno sepa, no tiene culpa el Athletic. Ni Armando, claro. Ojo, de ahí a que se enfrenten clubes y aficiones media un abismo. Todo el peso de la resolución está en el Comité.




