La hora de poner pilas alcalinas
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El Sporting dejó una estela de decepción. En un campo con mayoría de aficionados rojiblancos, con un apoyo ensordecedor y con la oportunidad de adelantarse en el marcador, no es de recibo que haya caído en una confianza que casi lo lleva a la derrota. Esa es la sensación que da el punto de A Malata, en un partido en el que el teórico favorito tuvo capacidad para hundirse en el más estrepitoso desconcierto, pese a tener enfrente al peor rival de la categoría como local. La imagen que dio el conjunto gijonés no respondió a la de un aspirante al ascenso. El que siga este camino deberá pedir cita en el psiquiatra de Clemente.
Por si fuera poco, la megafonía felicitó a la afición rojiblanca, deseó el ascenso de Sporting y compartió el himno gallego con el de Asturias. Sólo algo parecido ocurrió en Logroño, hace ya algunos años, después de un hermanamiento iniciado por el reparto del gordo de Navidad a cargo de la Peña Jiménez. El comportamiento y el tratamiento del Racing de Ferrol fue ejemplar. Casi hasta animaban a que el Sporting ganase el partido. Por eso el técnico y los artistas tienen que ponerse las pilas, pero alcalinas.




