La plata de Chambers: historia de un fraude consentido
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El atletismo de alta competición no puede tener credibilidad mientras gente como Dwain Anthony Chambers siga ganando medallas en grandes campeonatos. La farsa de Marion Jones, a la espera de ingresar en una cárcel estadounidense, se repite en unos sucesos que producen vergüenza, por su descaro. A estas alturas, nadie puede dudar de que Chambers está corriendo en competiciones de atletismo con clara ventaja química. En 2002, Chambers despidió a su entrenador de siempre, Mike McFarlane, y se mudó a San Francisco para trabajar con el ex soviético Remi Korchemny, ex entrenador de Valeri Borzov y superviviente de gulags stalinistas. Entre 2002 y 03, en San Francisco, Korchemny sometió a Chambers (y a la pobre Kelli White)a la misma dieta de productos que proporcionaban los Laboratorios Balco a farsantes como Marion Jones, Tim Montgomery o Barry Bonds. Cualquiera medio enterado sabe lo que queda tras dos años de ingesta masiva de doping de diseño: la llamada "memoria muscular", la huella de haber llevado el cuerpo a cotas de otro modo inalcanzables.
Entre 2004 y 06, tras destaparse la tramoya, Chambers cumplió dos años de sanción. No devolvió las 180.000 libras ganadas en premios. Con marcas increíbles en 40 yardas (4.19), firmó en la liga europea de fútbol americano: Hamburgo Sea Devils. La liga quebró y volvió al atletismo. En 2007, Victor Conte, jefe de Balco, reveló en la BBC que seguía suministrando productos a Chambers. Éste dijo: "Siempre habrá atletas dopados: la ciencia va por delante de los controles... yo asumí los riesgos". Y ésta es la plata de 60 lisos en Valencia.




