El Ramos perico dio la feliz noticia
Pasados unos minutos de la una del mediodía, Rafa Ramos, jefe de prensa del club barcelonés, salió ante los medios e hizo de altavoz entre el técnico y la prensa. El responsable leyó uno a uno a los elegidos y cuando pronunció el apellido de Tamudo, las caras de los aficionados que allí se encontraban dibujaron una agradable sonrisa. Todos confían en él, en su entrega, su astucia y su idilio con el Bernabéu, donde consiguió marcar en la final de Copa de 2006.
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No sucedió lo mismo a 600 kilómetros, al oeste de Barcelona. La citación del capitán alertó a los madridistas más acérrimos, hinchas incondicionales de Tamudo el pasado mes de junio, cuando el incansable delantero coló la pelota entre las piernas de Víctor Valdés en el Camp Nou para dar un mazazo a la Liga y dejársela en bandeja al Real Madrid. El catalán pasa de homenajes. Él sólo mira por el Espanyol a nivel colectivo y en poder seguir contando para Luis Aragonés, a nivel individual: la Eurocopa es su sueño, aunque su tocayo González, del Madrid, será una seria amenaza para la cita de Austria y Suiza.
Por ese motivo no quiere perder tiempo. Seis semanas lejos de la competición entristecieron el rostro de Tamudo, que ayer se despidió de los aficionados con otro gesto. Es la amenaza y el peligro para el rival, pero a la vez es la referencia y el futbolista al que todos sus compañeros buscarán si Valverde le da minutos. Tamudo ha regresado a la Liga, ha vuelto a la competición. Después de que se soldara su brazo, el mito del españolismo espera y desea finiquitar a los blancos.




