El viejo león conserva su ímpetu

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Manolo Villanova se presentó con un discurso claro, firme y contundente. Viene a salvar al Real Zaragoza y está seguro de conseguirlo. Tiene 65 años, pero conserva su ímpetu de siempre, el mismo que le llevó hace treinta años a coger del cuello al zaraguayo Soto por sus continuas provocaciones en el vestuario de La Romareda. Nunca se anduvo con rodeos y menos a estas alturas de su vida y de su carrera profesional: "Escucharé a todos, pero haré lo que me dé la gana". Cuando a Villanova le llamaron el lunes al mediodía para proponerle el cargo, lo aceptó sin dudar. Seguro y convencido. No puso condiciones. Para un zaragocista hasta la médula como él, esta designación, pese a la dificultad de la empresa, la afronta como un regalo divino, como un gran premio a su propia historia.
Villanova llega al rescate con todo lo que le faltó al bueno de Jabo Irureta: energía, carácter, mando, ilusión y ánimo. Está convencido de que el Zaragoza se mantendrá en Primera División, pero no va a consentir indolencia o falta de compromiso. A los jugadores, que casi siempre se van de rositas, se lo dejó ayer muy claro. El que no corra, no jugará.



