Raúl estaba por encima de todo esto
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Hasta el momento, Raúl era el héroe de este enredo. Había aceptado con elegancia su salida de la Selección y no se le recordaba ni un reproche. Respetaba la decisión de Luis Aragonés, pero hacía méritos por volver y ejercía su derecho a soñar con el regreso. Raúl, además del héroe, era la víctima. En apariencia no había hecho nada para merecer una exclusión permanente que trascendía, evidentemente, las razones técnicas. Si Luis ha sido criticado no es porque nadie pretenda imponer la titularidad de Raúl, sino el trato igualitario: que sea convocado cuando esté bien y que no lo sea en caso contrario. Ni garantías ni vetos. De manera que el debate era si el juego de Raúl merecía la Selección. La relación personal entre los implicados sólo nos importaba como explicación, no como tema. Por eso resulta tan absurdo que Luis y Raúl comparezcan para decirnos que se llevan bien. Felicidades, pero da igual. Que se abracen en privado. No ganaremos más títulos así. Lo que nos interesa es saber por qué Raúl no entra en el equipo cuando supera en estado de forma y goles a otros delanteros. Y a eso no debe responder Raúl, sólo Luis.
No comprendo que el capitán del Real Madrid se haya prestado a esta escena del sofá. Ignoro si le asegura la próxima convocatoria, pero sería una lástima descubrir que las plazas no se ganan sólo en el campo. ¿Qué debe hacer Guti ahora? ¿Pedir una reunión con el seleccionador? Ni Luis ni la Federación prepararon esta comedia para aclarar nada. Sólo para salvarse.



