Yo digo Víctor Fernández

El peligroso pecado de Jiménez

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Las decisiones de Jiménez siguen abriendo grietas. Las dudas acompañan al entrenador y se disparan después de cada tropiezo. En Estambul se acumularon varias cuestiones que fueron motivo de debate en el viaje de regreso a España. De la pesadilla defensiva, Jiménez debe cargar con pocas culpas. Simplemente, los refuerzos no están a la altura. Eso sí, al entrenador se le exige que se ponga a cavar y encuentre soluciones. La suplencia de Capel también disparó comentarios ácidos. De un plumazo, el técnico se lo cargó para tirar de Duda. La apuesta fue desacertada. Un error, nada más. Sin embargo, el aspecto más cuestionado por la prensa, los a-fi-cio-na-dos y algunos consejeros (los comentarios de pasillos no tienen nada que ver con los mensajes institucionales) fue la forma con la que el entrenador barajó los últimos minutos del partido.

No hubiera sido mejor matar el encuentro tras el segundo gol y esperar a la vuelta? ¿Por qué el técnico no buscó alternativas (léase Maresca) para darle consistencia al trabajo defensivo? ¿No hubiera sido conveniente rotar a alguno de los dos puntas por otras opciones? Si Manolo Jiménez cree, de verdad, en lo que hizo, el error es corregible. Pero detrás de sus decisiones existe un pánico terrible a las críticas y al qué dirán. "Si nos replegamos lo mismo se hubiera hablado de paso atrás", comentó. El entrenador del Sevilla no puede dejarse influir por lo externo. Este es el gran pecado de Manolo Jiménez.

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