La mano de Thalia guía a Rogge
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La ceremonia del encendido de la llama olímpica, en el Templo de Hera, en las colinas de la antigua Olimpia, resulta inquietante: de conmovedora. En marzo de 2004, una actriz, Thalia Prokopiou, cuyo autógrafo aún conservo estampado en el programa oficial, fue la primera portadora de la llama olímpica, la de los Juegos atenienses de 2004: la llama encendida desde los mismos rayos del sol de Olimpia, a través de un espejo de acero bruñido. Este fue el cántico de Prokopiou, tras ciertos gritos rituales, en griego antiguo: "Apolo, Dios del Sol y de la Idea de la Luz, envía tus rayos para encender la antorcha de Atenas". Apolo no falló y Prokopiou tuvo la llama.
Costas Gatzioudis, campeón griego de jabalina, fue el primer relevista en 2004. Brindis al supremo especialista de una de las especialidades más clásicas. Otros relevos: Alberto de Mónaco, Bubka, Popov, Estiarte... Jacques Rogge, presidente del COI, se fue al cóctel del brazo de la morenaza Prokopiou. Apolo siguió llevando llamas a Olimpia. Quizá demasiadas. Que Apolo y la mano de Thalia guíen a Rogge. Lo necesitará.




