Yo digo Juanma Trueba

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Una de las principales aportaciones de Schuster ha sido demostrar que jugar bien, o pretenderlo, no afecta a las estadísticas ni perjudica la salud. Capello intentó convencernos de lo contrario y hay que admitir que su propuesta reúne numerosos adeptos y no pocos títulos. Según esa forma de ver las cosas, el fútbol es un ejercicio mecánico que produce victorias como tornillos, de modo que se sustituye el juego por la industria. La mutación termina con el entrenador transformado en propietario y los futbolistas convertidos en operarios. El resultado es que los equipos no se parecen a sus jugadores, sino a su entrenador, y en algún lugar del producto final siempre se encuentra el mismo cartel o parecido: "Made in Capello".

S chuster formula otro estilo. Desde su llegada al Madrid, y aún antes, se ha impuesto la obligación de jugar bien, bonito, la necesidad de divertir. Esa consideración hacia el público y el espectáculo es fundamental, porque está en la esencia del madridismo y porque exige un esfuerzo de humildad por parte del entrenador, que renuncia, en cierta medida, a los derechos de autor. Solemos pensar que los técnicos influyen poco en los equipos de talento (ocurrió con Del Bosque), y no es cierto. Schuster no cabalga sobre este Madrid, pero le pertenece y es de justicia apuntarle el tanto. Los goles no son suyos, pero los números sí.

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