El regreso a los viejos hábitos

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Josean Fernández Matxin fue "un ciclista del montón tirando a malo", como a él mismo le gusta definirse, perteneciente a una brillante generación, la de Pantani, Berzin, Zarrabeitia, Olano... Como ahí no vio mucho futuro, el vizcaíno pasó pronto al volante de un coche. Y se convirtió en un buen director, tirando a excepcional. Llevó al Saunier Duval amateur, donde dirigió a Freire y Santi Pérez, entre otros; pasó por el Mapei de promesas, donde condujo a Cancellara, Rogers, Pozzatto, todos ellos hoy estrellas. Y peldaño a peldaño llegó al timón del Saunier Duval y logró hacerse con una licencia ProTour junto al suizo Mauro Gianetti. Matxin era (es) un hombre con nuevas ideas, un soplo de frescura en un ciclismo agarrado a unos viejos hábitos que ya no sirven.
Todos los que tenemos alguna relación con el ciclismo hemos creído (y queremos seguir creyendo) en Matxin. Pero hay datos que empiezan a generar, como mínimo, dudas. La temporada pasada se fichó a Iban Mayo, que dio positivo con EPO en el Tour de Francia. También se incorporó a David Millar, el símbolo de la limpieza, el ciclista arrepentido y reciclado. Pero Millar se marchó al final de la campaña, cuentan que después de comunicar a la UCI su decepción: "Porque este equipo no era como yo pensaba...". En esos meses, ciertos ciclistas del Saunier Duval iban como motos y "algunos subían los puertos silbando", como comentó off the record uno de sus rivales. ¿Otra vez los viejos hábitos? Ahora el Tour le tiene en su punto de mira. Una pena.



