El Madrid habló en el campo
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En una de las temporadas de la Premier League más emocionantes de los últimos tiempos, Alex Ferguson fue tocándole las narices a Kevin Keegan, que entrenaba al Newcastle, hasta que éste explotó. Véanlo en Youtube. El escocés sugirió durante semanas que Keegan no sabía nada de tácticas, que su equipo iba a perder fuelle al final, que no sabían defender. Y Keegan cayó en la trampa. A un partido del final, el Newcastle, que había llegado a tener hasta 12 puntos de ventaja, empató con el Forest y el Manchester United se puso por delante en la clasificación por primera vez esa temporada. En una entrevista televisada realizada al final de la jornada, Keegan se puso a chillar y explotó: "Me encantará verles perder la Liga. Me he callado, pero hay cosas que no se pueden soportar. Alex Ferguson me ha decepcionado muchísimo, no pensaba que fuera así, blablabla".
Sir Alex había ganado la batalla mental. Rijkaard tiene otro modo de hacer las cosas y, según Bernd Schuster, sus constantes elogios durante las últimas semanas no son más que juegos mentales. Aún así, su Madrid iba a hablar en el campo, en parte porque sabe que los jugadores blancos están llenos de confianza y en parte porque sospecha que las cosas no van tan bien como una semana de mensajes positivos desde la prensa catalana te haría pensar. Bien posicionados atrás, el Madrid sólo debía dejar que el hambre de Robben, la generosidad y el buen estado de forma de Raúl, las necesidades emocionales de Guti (siempre buscando el aplauso) o la seguridad de Baptista remataran la impresión de que la Liga va a acabar en Madrid por segundo año consecutivo. Ayer dieron un mazazo psicológico a la competición y dejaron que los goles hablaran por ellos.




