Smolarek: ¿la oveja descarriada?
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Es una pena, porque todo iba fenomenal. Parecía una historia de amor donde la paz y el sosiego eran el denominador común de una temporada mágica. Con Munitis lesionado y Tchité maltrecho, Smolarek ha elegido un mal momento para sacar los pies del tiesto y ser rebelde por un día, mejor dicho dos días, que fueron las sesiones de entrenamiento a las que faltó el polaco. Suena más a una pataleta rabiosa de un niño que ve cómo su hermano pequeño ha tomado el principal protagonismo en la familia, en este caso Tchité.
El burundinés ha ido mejorando día a día con goles valiosos, sobreponiéndose a sus limitaciones y la barrera del idioma, esforzándose hasta la extenuación durante los 90 minutos de cada partido, convirtiéndose en un ídolo del racinguismo, hasta comerse la tostada de Ebi, que se ha estancado gravemente. La gente le sigue queriendo, pero no como a Tchité. Debe ser duro para un héroe en su país verse relegado a un papel secundario en el Racing; pero es que aquí uno se juega su caché en cada sesión, y Marcelino perdona todo, salvo la falta de profesionalidad. De nada sirve que en dos ocasiones haya removido Roma con Santiago para llegar a un entrenamiento. Ebi, reacciona por tu bien y por el del Racing.



