Una Copa sin campeones
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Ayer vimos en la primera jornada de la Copa de baloncesto a los tres últimos campeones: Unicaja en 2005, Tau en 2006 y Barcelona en 2007. De ese Barcelona campeón quedan seis jugadores: la mitad de la plantilla; de ese Tau campeón, tres: Prigioni, Splitter y Vidal; de ese Unicaja campeón, dos: Cabezas y Berni. No hay competición que pueda soportar tal volatilidad de las plantillas. Equipos campeones que se descomponen de un año para otro, porque los jugadores vienen y van. De Francia, de Bélgica, de Eslovenia, de Hungría, de Serbia, de Bosnia, de Polonia, de Lituania, de la República Checa, de Grecia, de Rusia, de Turquía, de Georgia, de Islandia, de EE UU, de Puerto Rico, de Brasil, de Argentina, de Senegal...
No es un ejemplo, son hechos reales. Por el Barcelona, el Tau y el Unicaja han ido desfilando jugadores de los citados países en los tres últimos años. Particularmente llamativo el caso del Unicaja: 37 jugadores en tres temporadas. Singular no es. Allá donde esté Scariolo, los representantes saben que no les faltará trabajo. Bien lo saben en el Tau (27 jugadores en dos años) y en el Madrid (34 en tres). Un baile de jugadores que impide fidelizar al aficionado y resta seriedad a la competición. Ya ven: el Madrid ficha ayer a Iturbe y hoy jugará contra el Akasvayu. Si la impresión que deja el baloncesto es que vale todo, pierde su valor. Y es una pena. Un baloncesto bien gestionado sería hasta negocio... no sólo para los comisionistas.




