Copa: uno gana, siete pierden
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La más cruel de las competiciones se pone hoy en marcha. Es la Copa de baloncesto, donde uno gana y siete pierden. No hay recompensa para el subcampeón. Tampoco final de consolación para el tercer y cuarto puesto. Cuando salten a la cancha los jugadores de los cuatro equipos que esta tarde abren el torneo, ninguno sabrá si regresará al hotel para dormir o para hacer las maletas. Los dos que pierdan hoy ya no tendrán nada que hacer en Vitoria. Como los dos de mañana. Todos los equipos participantes han llegado con un plan A, si ganan, y otro B, si pierden. Pero nadie quiere hablar del B. El regreso no significa unos días extra de vacaciones, sino una vuelta a los entrenamientos. Es el precio por haber sido eliminados.
Una competición implacable, pero éste es precisamente su éxito. No hay guión hasta el extremo de que los jugadores, como digo, no saben qué harán mañana y quizá ni siquiera dónde dormirán tras el partido. Una competición intensa, dramática, de gladiadores. A partido único, a vida o muerte. Como sucede en los torneos de tenis, pero con la diferencia de que mientras en el tenis los torneos se suceden semana tras semana, en el baloncesto la Copa sólo pasa una vez cada año. Ganarla es dificilísimo. Ya ven el caso de Reyes, un jugadorazo que sólo ha alzado la Copa una vez... y como jugador del Estudiantes. La Copa proclama como ninguna otra competición al verdadero campeón, aquel que no pierde un solo partido. ¡Viva la Copa!




