El rugby celebra su gran fiesta
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Estamos en el gran fin de semana del rugby. Ha comenzado el Seis Naciones y esta madrugada se disputa la Super Bowl, que aunque no se trate de rugby sino de fútbol americano y para los entendidos no guarde ninguna similitud, para nosotros y en la distancia no deja de ser una variante del rugby. En cualquier caso se trata de dos grandes citas del deporte a las que no estamos invitados, desgraciadamente. A la Super Bowl, desde luego, porque es exclusiva de los equipos norteamericanos, pero tampoco despierta aquí gran atención. No por ello cabe ignorarla, ya que se trata de uno de los mayores acontecimientos del deporte en cuanto a organización, seguimiento y movimiento de apuestas. Todo un espectáculo.
Nuestro rugby, el de las Seis Naciones, es menos comercial y, como digo, muy distinto para sus seguidores. La prueba es que en el fútbol americano han entrado atletas, futbolistas, pero no jugadores del rugby europeo. Éste sigue otras reglas, requiere menos especialistas y es custodio de las tradiciones. Pone en juego varios títulos, algunos honoríficos, para respetar la memoria de una competición nacida en 1883 entre las cuatro selecciones británicas. Luego se incorporó Francia; más recientemente Italia. Nosotros no aspiramos, ni de lejos, a entrar en este torneo. Una pena. Los países de nuestro entorno disfrutan de uno de los deportes más bellos y de mayores valores que se conocen sin que podamos tan siquiera llamar a su puerta.




