Aquellos chapines de Cinzano y los muñecos de plástico

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Unipublic repitió ayer la misma alineación que el 8 de mayo de 2007 para compartir otra vez con AS mesa, mantel, inquietudes y pasión por el ciclismo: Ignacio Ayuso, Víctor Cordero, Javier Guillén y Pablo López Barajas. Estos son los líderes de un equipo que trabaja por devolver a la Vuelta a España a su esencia. A aquellos años 80 en los que la televisión entró en nuestras casas por primera vez en directo, a aquella primavera de 1983 en la que vimos cómo Bernard Hinault machacaba en Serranillos al bisoño Julián Gorospe. Entonces, los chavales de mi generación nos hacíamos costras en las rodillas llenando de carreteras cualquier descampado (ya todos urbanizados), en las que poníamos a rodar aquellos chapines de Cinzano o Bitter Kas, que daban mejor las curvas. Jugábamos a ser Arroyo, Lejarreta o Alberto Fernández. Me cuentan Juan Mora y Chema Bermejo que 20 años antes, allá por los 60, ellos hacían lo mismo con unos muñequitos de plástico, mientras emulaban a Bahamontes, Julio Jiménez, Pérez Francés, Loroño o Anquetil.
La Vuelta ya cedió parte de su esencia cuando se mudó a septiembre. Y ahora, la UCI, en su bronca con las tres grandes, quiere hacernos creer que organizar carreras en Australia, China o Rusia puede sustituir a rondas centenarias como el Giro o el Tour, o suplir los Pirineos, los Dolomitas o el pavés de Roubaix. Ya no tenemos ni chapines ni muñequitos, pero las nuevas generaciones merecen seguir soñando, aunque sea con la PlayStation.



