No sacó conejos de la chistera

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Uno, dos, tres, cuatro... Y así, hasta superar la veintena. Durante su intervención de ayer, Jaime Lissavetzky fue sacando de una cartera y explicando, uno a uno, los documentos que resumían el trabajo del secretario de Estado durante la legislatura. A las pruebas me remito: observen ustedes la foto a la izquierda de este artículo. Al término de la conferencia, le pedí que posara para AS con todo el material que había exhibido en la sala. "¡Cuántas horas de trabajo!", le comenté al gestor de nuestro deporte. "¡Uff! Ahora sólo falta que haya servido para algo", me contestó. Quizá modesto, quizá preocupado. No lo sé...
Pues claro que servirá, ya está sirviendo, me atrevo a decirle ahora desde esta columna. Porque Lissavetzky no sólo va a ser recordado como el político que estuvo detrás de la Operación Puerto, como le comentó en el foro Antonio Alix. Y si así fuera, tampoco habría motivo de vergüenza. Al contrario. Aunque se considere una operación incompleta y esté frenada en los juzgados, la OP, con toda su polémica, sí ha servido para algo. Ha servido, por ejemplo, para que elementos como Eufemiano Fuentes, Merino Batres o Manolo Saiz hayan desaparecido del deporte. No fueron conejos lo que Lissavetzky sacó de su chistera. Sacó muchas horas de trabajo.



