Yo digo Juanma Trueba

Los equipos y nuestras sensaciones

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Pienso en el Madrid que más me gustó y me quedo con el de los cromos y la adolescencia. Supongo que le ocurre a todo el mundo y sólo los más veteranos, los que vieron jugar a Di Stéfano y compañía, concilian nostalgia y realidad. Es extra personalmente, no recuerdo qué ganó mi Madrid favorito, pero no olvido lo que perdió. Aquella Liga del gol de Zamora. La Copa de Europa de 1981. O las noches negras en Alemania. Pero ni eso me hace retroceder. Yo todavía comparo con Stielike, Santillana o Juanito, y desde ellos trazo la frontera de lo que me gusta y lo que no. Y aún es más grave. De alguna forma sigo patéticamente anclado en aquellos años y veo con recelo las botas de colores o los dibujos puntiagudos que adornan el cuello de la camiseta. Así que no me hablen del speaker. Yo soy un integrista: hasta echo en falta la tierra de albero que rodeaba el campo.

Mi melancolía no añora el talento, que lo había. Pero el talento no definía aquel equipo de entreguerras. Lo que caracterizaba a esos jugadores era el orgullo de pertenecer a un club, el respeto a la tradición, la pasión. Eso transmitieron entrenadores como Camacho o Del Bosque y algo parecido se ha recuperado en los últimos tiempos. Si la temporada pasada el Madrid se reencontró con la camiseta (empeño prioritario de Capello y su mérito principal), ahora el equipo afronta un reto más: enamorar. Cubiertos de goles y diamantes, sólo falta que nos quieran. No sé si somos románticos o insaciables.

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