Cannavaro, en la senda de Baresi

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Los italianos son los inventores del fútbol amarrategui concebido como autovía más rápida hacia la victoria. Florentino quiso fichar en el verano de 2004 a Cannavaro porque era capitán de la azzurra y, en consecuencia, debía defender como nadie. Acertaba. Lástima que se cruzase un consejero inepto para quitarle esa buena idea de la cabeza e inocularle la de Woodgate, buena persona y mejor central si no llega a ser porque tenía la espalda y un músculo destrozados. Cannavaro, que tenía 31 años, fue descartado por un simple "estrés de tibia", que no era más que un agujerito en el hueso que el napolitano supo curar en tres semanas con la profesionalidad y la dedicación que le caracterizan.
He hecho este preámbulo para que la gente entienda que el mariscal italiano se ha ganado ese reconocimiento que ahora posee. En el Mundial de Alemania nos pareció a todos Beckenbauer cruzado con Santamaría (el otro gran Pepe, el de los años 50). Fabio acusó el curso pasado la locura institucional que afectó al club, pero las aguas han vuelto a su cauce y en ese río manso y cristalino Cannavaro ha desempolvado esa luz que le hizo acreedor a un Balón de Oro y un FIFA Player. Tiene 34 años. O sea, joven. Me explico. Baresi se retiró con 37 y Costacurta con 41. Y Maldini, que cumple 40 en junio, sigue luciendo palmito en el Milán. Cannavaro, como buen italiano, es un artista en el 'corte y confección', las dos exigencias de los grandes zagueros. Fabio, avanti.



