Ésta sí es una derrota con orgullo

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Hace justo un año el Real Zaragoza pasó como un alma en pena por el Bernabéu y sólo perdió gracias a un gol de Van Nistelrooy, tras un saque de un córner que fue en realidad una falta a Sergio Fernández. Ayer, el equipo de Víctor hizo un partido completísimo en el coliseo blanco, con más de una veintena de disparos a puerta, un poste y seis o siete ocasiones clarísimas, pero se acabó marchando a casa con dos goles en el saco y una sensación de impotencia terrorífica. El Zaragoza le dio un repaso al Madrid durante una hora, un repaso en actitud, en organización, en fútbol y en ocasiones, pero le sobró Casillas (espléndido, formidable, inconmensurable) y le faltó precisamente lo único que ha tenido esta temporada: una pegada demoledora, una capacidad de definición muy superior a su propio fútbol.
El Madrid llegó tres veces a puerta y marcó dos goles, el Zaragoza amenazó veinte y no hizo diana. Ahí se explica el partido desde el punto de vista del resultado. Otra cosa es el juego, el fútbol, la imagen que dio el equipo en el Bernabéu. Y pese a perder otra vez, el Zaragoza sale fortalecido, porque ha vuelto, porque ya es reconocible. Jugando así ganará casi siempre. Ésta sí es una derrota con orgullo.



