El precedente del hockey hielo
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El pasado jueves Héctor Martínez escribía sobre el partido Buffalo-Pittsburgh de hockey hielo que se jugó en Orchard Park (Nueva York) al aire libre. Los cinco grados bajo cero y la ligera nevada no fueron obstáculo para que las gradas fueran ocupadas por 71.217 personas. La cifra supone un récord de asistencia en el hockey hielo, deporte cuya competición profesional se disputa bajo techo por razones obvias: porque la temporada se desarrolla en invierno y para garantizar el buen mantenimiento de la pista. Pero el deporte estadounidense no suele estar tan encorsetado como el europeo y a veces admite excepciones. Una fue ésta, aunque ya existía el precedente de un partido en Edmonton hace cuatro años con 57.167 espectadores.
Viene esto a cuento del pasado Eurobasket, cuando la Federación Española de Baloncesto se lamentaba de no disponer en Madrid de un recinto mayor que el Palacio de los Deportes para atender la demanda de entradas. Cuando alguien sugirió que se podían llevar los partidos de España al Bernabéu, desde la Federación se dijo que imposible, que el baloncesto profesional se juega bajo techo y punto. Pues ya ven, el hockey hielo también, pero cuando hay que convertirlo en una fiesta se saltan las normas y no pasa nada. Y será peor presenciar un partido de hockey en un gran estadio, con frío y sin poder ver la pastilla, que uno de baloncesto con buen tiempo y un balón más grande. Copiar, a veces, de EE UU no es mala cosa.




