El Curro Romero del Bernabéu

Noticias relacionadas
Partamos de una base incuestionable. A Guti nadie le envía al banquillo, se condena él solito. Es tan bueno que sólo chupa rueda cuando su inconstancia obliga al entrenador de turno a darle un pellizco de monja para lograr que reaccione. Eso hizo Schuster tras la expulsión de Murcia y la gastroenteritis previa al Trofeo Bernabéu, con resultados óptimos. Porque Guti ya no es un niño. Tiene 31 años, asume mejor sus suplencias y ha aprendido a responder como hacen los futbolistas de una pieza: en el campo. Mi amigo Mateo, onubense, madridista y taurino, me lo descifraba bien ayer: "Guti es como Curro Romero. Sólo él sabe dar un pase mirando al tendido. Hay que aprender a aceptarle como es".
La marcha de Diarra por exigencias del guión (la Copa de África le llega en un momento inoportuno ahora que se había aclimatado al puzzle táctico de Bernd), abre una puerta al regreso del 14 a esa titularidad que antes de la Nueva Condomina no discutían ni los antigutistas más acérrimos. Hay dos planes. El A, menos ambicioso, prevé la inclusión de Gago por Diarra y dejar el resto como está. Malo para Guti. El Plan B es más seductor. Baptista de Diarra (físico similar, mejor trato con la pelota) y Guti por delante para crear (y creer) junto a Sneijder y Robinho. Schuster no se casa con nadie. Guti le decepcionó y su drástica decisión no fue nada caprichosa. Pero ya ha pagado el castigo. ¿Quién no quiere ver torear a Curro Romero?



