España le debe una a Iker...

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Casillas es mucho más que un portero con reflejos de ciencia ficción, piernas voladoras y guantes de acero. Es un deportista con estilo, carisma y liderazgo capaz de llenar un pabellón con 8.000 personas para que ayuden a luchar contra la malaria o de abarrotar un estadio con 80.000 que acuden cada semana al Paseo de La Castellana para festejar sus paradas como si fuesen goles de Raúl o Robinho. Dijo Mendoza en su día que Butragueño llevaba él solito 25.000 aficionados más al Bernabéu. En el caso de Iker esa cifra se dobla con seguridad. Lo respetan los mayores, lo quieren los cuarentones de mi quinta, lo idolatran los veinteañeros y lo adoran los niños, que en esta blanca Navidad han pedido miles de jerseys de Casillas a los Reyes Magos
Por eso veo conveniente dar a Ikerman todos los galones de mando con la vista puesta en la Eurocopa de Austria y Suiza. Tuve la fortuna de asistir a su debut con España en el estadio Ullevi de Goteborg en un amistoso preparatorio para el Europeo del año 2000 en Holanda y Bélgica. Desde entonces ha sido un talismán, pero aquella convocatoria de Camacho le privó de cumplir uno de sus grandes sueños: participar en unos Juegos Olímpicos. Cambió Sidney por Brujas. Por eso la Selección le debe una. Y la mejor manera de recompensarle es dar el finiquito a nuestra historia de calamidades y cantar como campeones el nuevo himno de España mirando al cielo de Viena. La España de Casillas es la España de todos. ¡Adelante porterazo!



