Schuster es el auténtico galáctico del EGM: El Gran Madrid

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Nada más finalizar el inolvidable partido del Camp Nou, mi móvil entró en estado de excitación hasta el punto de batir el récord que tenía registrado desde la conquista de la Novena. Contabilicé en una hora hasta 43 mensajes escritos, por lo que desde aquí pido disculpas por haber sido imposible responder a todos como merecían. Me llamó la atención el espíritu de muchos de ellos. Años atrás me decían: "¡Qué crack es Figo!", "Mago Zizou" o "¡Qué grande es O Rei Ronaldo!". Sólo hablaban de gestas individuales. Ahora todo fue diferente: "¡Qué equipazo tenemos!", "Este es nuestro Madrid de siempre" y "Máquina total". Y muchos de ellos añadían la clave de este nirvana que disfruta el madridismo militante: "Roncero, hay que dar las gracias a Schuster por hacernos soñar". Voy a desvelar un secreto que a Bernardo no le importará que destape ahora. Tras ganar el Madrid en San Mamés con una actitud modélica, le felicité por la imagen de su equipo. Su respuesta por SMS me llegó al alma: "Tomás, tenemos que hacer un Madrid grande".
Ese mensaje desvela que Calderón dejó en buenas manos este modélico proyecto. Schuster fue un galáctico como jugador y ha sabido asumir su rol de crack de los banquillos para liberar de egos absurdos a sus jugadores, convertidos en una pandilla de amigos que vuelven a tomar el aperitivo juntos tras los entrenamientos como hacían los legendarios Di Stéfano, Pachín, Marquitos y Puskas en El Chiquifrú los días memorables de las cinco Copas de Europa. Schuster es alemán, o sea un ganador genético (3 Mundiales les avalan), pero también es andaluz y madrileño adoptivo. Y merengón. Me consta que se emocionó en el Camp Nou tras el partidazo. Tranqui, Bernd. Tu Madrid, nuestro Madrid, ya es muy grande...



