En el Carranza faltará Lucas
De repente, sin más, me dejan sin él, me dejan solo, con frío, me quitan el calor, me quitan la esencia y me dejan helado, con cara, no de tonto, sino de perdido..., cara de un listo que sabe que sin él no iremos muy lejos. La cara de alguien que sólo emprendía la marcha hacia el estadio amarillo por ver cómo mecía el balón entre los tacos de sus botas, porque era cada gota de sudor que resbalaba por su pelo lacio la que me hacía levantar de mi asiento.
Por arte de magia me dejan sin mi referente, sin mi alegría, sin mi mago...
Noticias relacionadas
No me importa a dónde se va, quién tiene la culpa de ello, el dinero que dejan, el dinero que se va, no me importa quién vendrá por él, quién se pondrá el 10..., no me importa, sólo vienen a mi mente esos instantes de pausa que introducía entre tanto desquicio que había en el césped, sólo puedo recordar cómo sus rivales perdían la verticalidad cuando apenas tocaba la pelota, me quedo con ese instante que él, antes que nadie, usaba para armar su jugada. No pasaban por la mente, su fútbol iba directo del corazón a la pierna...
Esta marcha se hace difícil y especial al menos para mí, porque además de la pelota aquí entra en juego el corazón. Y es ahora cuando me siento como uno de esos rivales, que desde el suelo, con las dos manos en el césped, sólo pueden mirar cómo el 10 sigue adelante con la cabeza alta, deslizándose por el césped como si fuera de jabón..., esperando a que su corazón le dicte...



