Alejandro... Magno

Noticias relacionadas
Alejandro no se apellida Magno, pero se comporta como tal. Jamás conocí un presidente del COE tan activo, hambriento y deseoso de convertir el Comité Olímpico Español en algo más que un retiro dorado para esa burguesía de despacho que encontró en este organismo un escenario idóneo para ver pasar la vida sin emociones hasta que, cada cuatro años, la llama olímpica daba sentido a su existencia. En mis excitantes tiempos de periodista adolescente tuve el privilegio de acudir a los Juegos de Barcelona 92 y de Atlanta 96. Inolvidable experiencia. Jamás disfruté tanto con esta profesión como en aquellos días de locura competitiva, medallas heroicas y lágrimas bañadas en la frustración de la derrota
No olvido un viaje por carretera a la bahía de Savannah, a 480 kilómetros de Atlanta, para celebrar el oro de Theresa Zabell y regresar de madrugada para ver en el Super Dome a la Selección de balonmano batirse el cobre con los franceses. Eso es el espíritu olímpico Y eso lo entiende como nadie Alejandro. Blanco por fuera y por dentro, intuitivo y emprendedor. Él ha logrado que todas las opciones políticas de España unan sus siglas en torno a ese himno que nos pondrá la piel de gallina. Él logrará que en Pekín nos sintamos orgulloso de nuestros deportistas.



