Entre el precio y el prestigio
Robben tiene 23 años y sólo es dos días más viejo que Robinho. Lo recuerdo para señalar que no es un jugador de vuelta, sino de ida. Habrá que convenir, por lo tanto, que su edad aconseja paciencia y favorece la esperanza. Ahora bien, antes de continuar, debemos aclarar si discutimos su precio o su calidad. Los 36 millones de euros que pagó el Madrid por su traspaso le convierten en uno de los jugadores más caros en la historia del club, sólo por detrás de Zidane (75), Figo (60) y Ronaldo (45). Resulta evidente que no soporta la comparación y que su juventud no justifica el sobreprecio. El Chelsea pagó 18 millones al PSV cuando el jugador tenía 20 años y, si ya es discutible que Robben se haya revalorizado desde entonces (muchas lesiones y mucha inconstancia), no hay duda de que ha sido un derroche pagar el doble tres años después.
Noticias relacionadas
Dicho esto, Robben es un futbolista con el que querría contar cualquier equipo, porque se trata de una especie en vías de extinción: un extremo zurdo con desborde y sin alergia a la cal, un tipo elegante y un driblador fino. En definitiva, un once clásico, un jugador que no tenía el Madrid y que completa su plantilla. El problema es que su precio le impide ser un complemento (como era en el Chelsea) y le obliga a ser una estrella.
Supongo que hay futbolistas que son atropellados por su prestigio (como Cannavaro). En el caso de Robben, fueron tantas las ganas de encontrar un jugador así (regateador y extremo), que el mundo del fútbol le proclamó sin hacerle examen. Y se corrió la voz, y Robben se convirtió en bandera del buen gusto y, en consecuencia, en reclamo electoral de quien apostó por eso. Pero la cruda realidad es que ha llegado sin diploma, con asignaturas por aprobar y con todas las promesas por cumplir.



