Emery, ese crack de los banquillos

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La frase debe ser atribuida a uno de los hombres más influyentes en la carrera de Emery, Gregorio Manzano: "Hay futbolistas que llevan dentro un entrenador". Y sí. Son, como el guipuzcoano, una especie muy particular, perfectamente reconocible dentro de un vestuario. Atienden con interés y un aire reflexivo las explicaciones del técnico, les encanta corregir a sus compañeros y, al terminar los partidos, siempre miran más allá del resultado. Otros dos tipos, que recuerde yo ahora, responden a ese perfil: Alcaraz, precursor, y el emergente Marcelino.
Hijo y nieto de porteros, Emery lleva en los genes la perspectiva angular que los guardametas tienen del fútbol. Luego dio dos pasos para desarrollarse como centrocampista, aunque las piernas, que dividen al artista y al trabajador, no le permitieran virguerías. Fue un medio trotón al que Iriarte, entrenador de la Real 95-96, le hizo conocer la gloria de Primera. Pensó más que jugó, guardando en la memoria las notas de su futuro como entrenador... Y con sólo 36 años ahí le tenemos, en el vestíbulo de algún equipo grande. Ya es el Messi, o el Agüero de los banquillos. Un crack con chaqueta que aún rendiría sobre el césped.



