Así es la vida de un Carpintero

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Carpintero es un futbolista con tablas. El típico jugador cuyo trabajo oscuro (que no gris) suele merecer entre los periódicos la clásica calificación de '1' (aprobado). Ya saben que '2' es notable. El '3' de sobresaliente se lo solemos poner; o al que mete un gol, o al que te da dos taconcitos muy bonitos que salen cuarenta veces repetidos en las clásicas televisiones. El '0' siempre se lo lleva el árbitro, típica figura de pim-pam-pum que merece el mismo respeto que el pelotero porque al fin y al cabo es un deportista. Pero si preguntas a cualquier profesional, todos quieren tener a su lado a un Albelda, a un Ito, a un Diarra, a un Makelele... y por supuesto, a un Carpintero. Porque hace mejores a quienes se encuentran a su alrededor.
Si confeccionásemos una plantilla donde todos fueran artistas del balón (por ejemplo, lo que hizo Florentino Pérez, fichar por la Guía del AS y no por los consejos de sus técnicos) nos encontraríamos un equipo de estrellitas donde nadie corre, presiona, aburre al rival, hace esa falta táctica tan necesaria (a veces) como criticada (siempre por los ignorantes), roba balones y, por qué no decirlo, juega al fútbol. Porque un Carpintero no es un tuercebotas. Es un jugador de fútbol. Un buen jugador de fútbol. Si a ese Carpintero le rodeas con buenos ebanistas, pintores, albañiles o arquitectos, obtienes como resultado un Málaga líder y con pinta de Primera. ¿Y saben una cosa? A mí me gusta mucho Carpintero. Y aprecio a gente como él. ¡País!



