Schuster y el clima de un campo alemán
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Jugar al fútbol en campo alemán exige ciertas normas diferenciales para salir ileso. Alemania transpira un clima especial en sus estadios. Es algo que no tiene Italia, tampoco Francia, aunque sí se parece a Inglaterra. Los equipos germanos son como un rodillo, como bloques de cemento que hay que levantar, jugadores que no se rinden jamás, aficionados ruidosos y entregados, presión de lado a lado y patadón al balón o a la espinilla. El Werder Bremen va a poner al Madrid en sus límites. Y aquí es donde tiene que aparecer la mejor cara de todos y cada uno de los hombres de Schuster. Hay tres consejos fundamentales a seguir: máxima concentración (recordemos aquél gol del Bayern a los 8 segundos), pase de balón rápido y entereza física en el choque.
Supongo que Schuster, aún siendo andaluz alemán, maneja los recursos para dominar la presión escénica del partido y transmitir seguridad a sus jugadores. El Madrid, probablemente, se manejará mejor en Bremen que en Murcia por esa identidad europea que le distingue. Pero no habría que fiarse, sino todo lo contrario. No valdrán gestos destemplados de Guti, tampoco caben despistes de la defensa (el Werder marcó en el Bernabéu en una cadena de errores) ni los delanteros deben esperar allí arriba a que llegue la Navidad. El guión pide trabajo, correr más que nunca y sacar ese punto que alivie la tensión de la Champions hasta febrero. El Madrid tiene fundamento para ganar en Alemania, pero en estos campos la atmósfera atontolina. Cuidado.



