Desde mi asiento de espectador

Noticias relacionadas
No escribo esta columna como periodista especializado en baloncesto, que no lo soy, sino desde la distancia de mi asiento de espectador. Me considero un aficionado más al basket, igual que lo soy al fútbol o a otros deportes. Y desde esa perspectiva tengo sentimientos contradictorios respecto al caso de Jorge Garbajosa. Para empezar tengo que confesar que Garbo es un jugador que siempre me ha caído especialmente bien, quizá porque es hincha del Atlético de Madrid y natural de Torrejón de Ardoz, aunque también porque ha tenido una carrera ejemplar de superación en las ligas de España, Italia y Estados Unidos. El pasado 11 de octubre, cuando el Real Madrid abatió a los Toronto Raptors en el Palacio de Deportes, me inflé a aplaudir al equipo canadiense ante la mirada atónita de un público mayoritariamente madridista. Un compañero de butaca me dirigió una mirada de censura y le argumenté: "Animo a los Raptors porque ahí juega el único madrileño que hay en cancha". ("Y porque los dos somos del Atleti", pensé también). Bajo ese halo de simpatía y devoción, a toro pasado creo que Jorge se precipitó este verano.
Vaya por delante que admiro la fuerza de voluntad que exhibió en su recuperación, que aplaudo el trabajo de la Federación Española para gestionar su seguro, que entiendo las razones de Garbajosa de querer estar en el Eurobasket de su país... Como aficionado, le doy las gracias. Pero no puedo evitar pensar, con Pekín en el horizonte, que quizá se hizo todo demasiado deprisa.



