La farragosa misión del todo o nada

Noticias relacionadas
La retórica del fútbol ha cambiado. Hasta hace un tiempo casi se equiparaba a éxito el contar con técnicos e incluso directivos de verbo altisonante (Clemente, Mourinho o Josep Lluís Marcó), como si escupir titulares, críticas y quejas fuera sinónimo de atesorar personalidad. El fútbol, y también el Espanyol, ha sabido reciclarse con tipos como Valverde o quien hoy nos ocupa, Paco Herrera. No es necesario copar las portadas por declaraciones, pues resulta mejor obrar desde la discreción y ocupar esas primeras planas por los éxitos que se derivan de esa actuación.
Por eso quizá nos sorprendió Herrera cuando, nada más aterrizar, aventuró que no era un fichador. Lo es, pero ha demostrado la importancia de otras cosas que no se ven a primera vista: sumar a un campeón de Copa jugadores que hacen vestuario (Rufete y Lacruz), apostar por un crack acaso traicionado por su anarquía (Jónatas) y por un revulsivo (Moha) denotando que una plantilla no la componen sólo 11 hombres. Y, este año, sumó calidad (Lola, Clemente, Valdo y Lafuente) sin apenas restar, tarea más difícil de lo que parece en un club así. Nos vuelve a sorprender ahora con su anuncio de colgar las botas (y los informes) cuando deje el Espanyol... pero ahí es nada. El reto que se le solicita hasta 2010 es el mayor de la historia, el todo o nada: llevar al equipo a la Champions y soñar con la Liga. Si lo consigue no sólo merecerá su descanso, sino casi un sueldo vitalicio para que lo disfrute.



