Un antídoto para el virus FIFA

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Un club grande se mide por su capacidad de reacción. El desprestigio provocado por la fiesta de las camisinhas, el retraso de Sneijder forzado por la Federación Holandesa al no haber asegurado plaza en su vuelo y la llegada de Diarra un día más tarde de lo pactado tras la bronca en Togo hicieron pensar a Mijatovic y Javier Lozano que la única forma de atajar la tomadura de pelo era dar un puñetazo en la mesa. Han cogido el teléfono, han puesto firmes a las federaciones cómplices de las juergas habituales de estos parones y les han obligado a entregarles a los jugadores un billete del primer vuelo que haya para retornar a tiempo a la capital. La gente olvida que Robinho se perdió el partido de Montjuïc y el Madrid palmó. Esos tres puntos se los llevó el viento de la caipirinha y nadie se los devolverá a Schuster.
Se acabó la disparatada barra libre de la era galáctica. El club ha dejado de 'mirar para otro lado'. El próximo jueves por la tarde ya se entrenarán todos en Valdebebas y la dupla brasileña (Robinho y Baptista) se ejercitará el viernes para preparar la conquista de la Nueva Condomina. Este sí es el Madrid de siempre.



