Yo digo Juanma Trueba

Resistir, insistir y convencer

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Raúl tiene 30 años y llevamos casi catorce observándole. Si enfocamos desde el punto de vista del espectador, la exposición pública de Raúl sólo es comparable a la de esos actores que envejecen ante nuestros ojos con la eterna comparación de las viejas películas. La diferencia es que ellos cambian de personaje y Raúl no. Es héroe o es nada. Ese precio pagan quienes irrumpen pronto y de manera fabulosa. Jamás se les concede un respiro. Y muchos se ahogan por eso. La grandeza de Raúl se localiza precisamente en la resistencia. No creo ser un hereje si digo que sus catorce temporadas como goleador de primer nivel equivalen a las 22 de Paolo Maldini como defensa, y quizá hasta sean algo más que eso.

A Raúl se le juzga por el gol. No hay otro argumento. Si corre, pensamos que intenta camelarnos. Si asiste, sospechamos que nos distrae. Imagino que a ratos le duele haber creado estos monstruos. Pero en el fondo le alimenta. Y ahora que lo sabe y nos conoce, sonríe más y mejor, como si hubiera descubierto que estas espadas también hacen pasillos.

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Uno repasa su trayectoria y acepta de inmediato que Raúl cabalga otra vez en números de máximo goleador. Ni es prematuro ni es casualidad. Raúl forma junto a Van Nistelrooy un club de segundas esposas que compensa con inteligencia esa fracción de segundo que se pierde con los años. Por eso combinan tan bien y también por eso, no lo olvidemos, el holandés fue el pichichi de la pasada temporada.

La consolidación (progresiva) de Robinho también ha beneficiado a Raúl. Era importante otro joven y en otra parcela de la delantera. Un chico distinto, una cara nueva, alguien que atraiga la atención mientras Raúl se confunde en el bullicio para marcar los goles que nos convencen.

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