Nadal tiene otra bestia negra
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Nadal fue barrido en la final de París. Barrido literalmente, porque jamás perdió una final tan rápido: 69 minutos. Para colmo, se despidió con un set en blanco. Desde que Nadal es Nadal, un 6-0 sólo le había metido dos veces Federer y una Coria. Que Nadal pierda una final es, además, dificilísimo. Hasta ayer sólo había perdido cinco de las veintiocho disputadas. Y si las perdía no era ante un cualquiera: cuatro frente a Federer y una frente a Hrbaty, que es una de sus bestias negras. Desde ayer, Nalbandián también lo es: 6-1 y 6-2 en Madrid y 6-4 y 6-0 en París. La única explicación que cabe de tan demoledoras derrotas es haber tenido enfrente a un jugador en un estado de gracia como pocas veces se ha visto en el tenis.
Un estado de gracia cuyas consecuencias también pagó Federer, a quien Nalbandián ganó la final en Madrid y eliminó en París. En el periodo de tres semanas Nalbandián ha ganado dos veces a Federer, otras tantas a Nadal y una a Djokovic, jugador revelación del año. La transformación de Nalbandián en este final de temporada es difícil que tenga precedentes. De presentarse en Madrid con el más mediocre balance en 2007 -diecinueve victorias, diecisiete derrotas y los cuartos de Barcelona como mayor conquista- ha pasado a ganar dos Masters Series consecutivos en los que no faltaba nadie. Lo mismo se trata de un sprint muy bien calculado: uno reserva lo mejor de sí mismo para el final, cuando los demás ya acusan el cansancio. Podría ser.




