Ídolos de ayer, ovación de hoy

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Una de las estrellas de la noche no llegó en autocar a Vistalegre. Lo hizo, justo delante de mí, en un utilitario azul, discreción máxima para una leyenda con cuatro Copas de Europa en el maletero. Más tarde, en el descanso, él, Emiliano Rodríguez (San Feliz de Torío, León, 10-6-1937), y Pedro Ferrándiz (Alicante, 20-10-1928), el otro homenajeado por el Real Madrid, eran escoltados en el acceso al palco, donde sólo conseguimos asomar la cabecita. El protocolo manda. Antes del partido, ambos recibieron una placa de manos de Ramón Calderón como reconocimiento a su extraordinaria trayectoria en el club. Emiliano ganó, entre otros trofeos, 12 Ligas, nueve Copas y cuatro Copas de Europa; Ferrándiz, 12 Ligas, 11 Copas y cuatro Copas de Europa.
Ambos protagonizaron imágenes imborrables del basket blanco como las que adornaban las placas recibidas ayer: una de la despedida de Pedro como entrenador en la Copa del Rey de Jaén y una entrada a canasta de Emiliano. Fotos en negativo -"como se montaba antes en las imprentas", me dijo Pedro-, cuando ellos sólo se conciben en positivo. De ahí la ovación del público, inmensamente joven, inmensamente blanco. Y de ahí el túnel de aplausos de la actual plantilla al recibir a sus padres merengues. Les esperaba Calderón y las placas. Y el trofeo de la Copa de Europa de 1965 que ambos ganaron. Eran otros tiempos y sin embargo los mismos. Se jugaba en un frontón y ahora en una plaza de toros, pero ambos tienen un denominador común: la palabra 'Alegre'.



