Los festeja en nombre de sus hijos

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Desde el derbi madrileño del año pasado (1-1) ha sido un ritual cotidiano en los festejos de Raúl cada vez que marca un gol. Corre de espaldas hacia un córner del Bernabéu, se señala con los pulgares por encima de los hombros y apunta con ellos hacia el dorsal número 7 de su camiseta. Inevitable especular. Que si era un gesto de reivindicación personal contra Luis Aragonés por habérselo cargado de las listas de la Selección, que si era para dar en los morros a ese Frente Atlético que no le perdona su lógico éxodo del Manzanares a La Castellana (¿tuvo Raúl la culpa de que Jesús Gil se cargase la cantera rojiblanca por falta de fondos?), que si es una manera de recordar su impecable palmarés a todos aquellos que dudan de que aún hay Raúl para rato...
Pues podemos aportar hoy un dato que puede normalizar la lectura de algo tan simple como la forma de celebrar un gol. Los dos hijos mayores del capitán, Jorge (7 años) y Hugo (5), están acostumbrados a hacer ese gesto en las pachangas que juegan con su padre en el jardín de su morada madrileña. Lo hacen, como tantos niños, para decirle a su papá que están orgullosos de él. Cuando Rulo se quedó fuera del equipo nacional lo pasó mal y sus pequeños fueron los primeros en sufrirlo. Y le pidieron que si marcaba un gol hiciese lo mismo que en el jardín de casa. Ni revanchismos ni facturas personales. Además, el repertorio es más amplio lejos de Chamartín. El año pasado celebró su gol triunfal en Mestalla echándose el puño al pecho. ¿Repetirá mañana?



