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Schuster no acepta más despistes

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Una de las cuestiones que más preocupa a Bernd Schuster y su cuerpo técnico es el de las distracciones del equipo, los bajones de concentración y, por extensión, de rendimiento, dando al rival concesiones que se suelen pagar muy caras. Ocurrió en Montjuïc con el gol de Riera; también en Roma, en el empate del Lazio y algunas otras veces, poniendo siempre en apuros a Casillas, el portero milagro de este club. El origen puede estar en esa falta de engranaje del bloque, donde aún hay futbolistas que no cumplen las órdenes con la suficiente atención. O también en la discontinuidad evidente en las prestaciones de ciertos jugadores: Cannavaro, Diarra, Sneijder, Robinho y el propio Guti, por citar a los que entran regularmente en el once inicial. Hay más, conste.

Hoy, tratándose de Champions, no caben lagunas ni despistes. El Madrid no puede ceder al Olympiacos el privilegio de rematar de cabeza en el área a balón parado, o que monte una contra por desequilibrio en el balance defensivo blanco, o ceder la posesión del balón por no subir a presionar a los griegos a su zona de creación. Schuster quiere un Madrid que muerda arriba, en ataque y en presión. Un Madrid despierto, activo y pegajoso, alejado de Casillas, de pases rápidos y seguros. Y esto, de momento, no sale del todo bien. Por eso vienen las malas caras del técnico alemán en el banquillo, sus gestos de fastidio y rabia. Europa concede una ocasión al Madrid para el lucimiento y el Bernabéu está deseando disfrutar un noche mágica.

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