Pues no era uno de tantos...
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Conocí a Lorenzo cuando sólo tenía once años. Dani Amatriaín me quería presentar a un mico que me aseguraba era buenísimo. "Uno de tantos", pensé yo antes de ponerme delante de un chavalín que apenas llegaba al suelo desde su también diminuta Aprilia 50. Porque en ese instante sí que me dio la impresión de que el chico tenía algo diferente. No quiere parecer ahora oportunista y decir que entonces supe que sería campeón del mundo, pero sí que es cierto que su talante, su actitud, su seguridad, su amor propio y su hambre de triunfo no eran los propios de un chico de esa edad, mejor aún, del niño que aún era.
Por eso los éxitos de Jorge me alegran especialmente. Lo celebro por él, porque me parece un piloto excepcional, con un talento fuera de lo común y que ha sido capaz de superar muchas adversidades hasta llegar a donde hoy est me gusta que gane, desde luego, por el deporte y el motociclismo español; y también me hace muy feliz precisamente por Amatrían, su padre deportivo que lleva una década apostando por un proyecto en el que nadie creía, arriesgando su patrimonio y credibilidad por llevar hasta la meta a un chaval al que entonces sólo él veía como un diamante en bruto. No se equivocaba y gracia a él hoy todos lo celebramos.




