Del recato a la euforia desatada

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Si aceptamos, como acuñó Jorge Valdano, que el fútbol es un estado de ánimo convendremos que el Espanyol vive inmerso en una euforia quizá contenida hasta anoche, pero desatada desde hoy. Nada queda de aquel equipo tímido y agazapado cuando recibía la visita de los grandes, temeroso en las citas relevantes. Ha sido habilidoso Valverde para insuflar a los pericos un carácter del que antes carecían, y de convertir este bienio en uno de los más agraciados de la historia del Espanyol. Se debe también, en gran mesura, al extraordinario momento de Albert Riera, quien anoche volvió a marcar el primero, como en los tres goles que lleva esta temporada: al mérito de golear se añade en su caso la azarosa capacidad de abrir la lata.
Pero quien cerró el círculo virtuoso (y no precisamente aquel que predicaba Laporta) fue el de siempre: Raúl... Tamudo. A sus 30 años cumplidos el viernes acumula 116 tantos en la Liga, lo que acaso en el propio Madrid serían 200, ¿quién sabe? O, como en su día aseveró Lotina, "si se llamase Tamudovich cobraría el doble". Lo cierto es que si fuera brasileño su diana de anoche daría la vuelta al mundo. Pero siendo como es de la calle, de Santa Coloma, esperemos al menos que le sirva para ir a la Eurocopa. Como su gol a Dinamarca. O los de las finales de Copa contra Zaragoza y Atlético. O como el que dio la permanencia ante al Murcia. Quizá por aquél pugna hoy el Espanyol en Primera... y probablemente camino de Europa.



