Cosecha 87: con sabor a buen basket

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Nacieron cuando el baloncesto hablaba griego, cuando Galis, Giannakis y cía ganaban el oro europeo y dejaban a Valters y la URSS con dos palmos de narices. Estamos en 1987, basta imaginarlo unos segundos, año de una cosecha que nos brinda jugadores como Javier Beirán y Sergio Llull. Antes de que ellos nacieran, los derbis madrileños no se jugaban en el Palacio de los Deportes. El morbo viajaba, como lo hace el 27, del viejo pabellón de la Ciudad Deportiva al Magariños. Ratoneras con encanto, canchas que guardan todo el sabor del buen basket pese a que una ya no exista y sirva de abono a cuatro rascacielos y la otra sólo vista sus mejores galas cuando el torero Azofra brinda y se corta la coleta. Uno ya ha cumplido los veinte, Javier (Madrid, 22-5-1987), el otro está a punto de hacerlo, Sergio (Mahón, Menorca, 15-11-1987). Vienen de un verano de plata -con la Selección en el Europeo Sub-20- y han cautivado en el arranque de temporada. Aire fresco.
Hace una semana, Javier y Sergio también pisaban el Palacio de los Deportes. Entonces peleaban contra la NBA, gigantes y molinos venidos a menos, hoy deberán hacerlo contra el eterno rival. Sensación extraña para Javier, fruto de la cantera madridista y cuyos genes -ahí está su padre, José Manuel, plata en Los Ángeles 84- juegan de blanco. Partido de basket con horario de cine, derby que no se jugaba en el Palacio desde el año 2000. Era el Palacio a.d.i. (antes del incendio). En el nuevo son Javier y Sergio quienes botan el balón.



