Ramón, no hagas como el tío Ramón

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Será difícil olvidar aquel arranque de Liga. Antic había sabido recuperar el instinto ganador de un Madrid que asistía a la dolorosa decadencia de la Quinta del Buitre. El Dream Team ya había asomado su patita la temporada anterior, pero el serbio logró que Hierro (¡21 goles aquel curso!), Rocha, Milla, Hagi, Alfonso y Aldana pusieran el turbo a un equipo que empezó la temporada como un tiro. En la memoria queda un 1-4 en San Mamés. Asistí al partido en La Catedral con unos amigos y jamás olvidaré la caballerosidad de la hinchada del Athletic, ovacionando el segundo gol del Buitre que suponía el 0-3 en sólo media hora de juego. Era un Madrid sobrio, sin lindezas y seguro en defensa. Capelliano, pero con mucha pegada. De hecho, iba lanzado a por el título mientras que en el Camp Nou se aferraban al trío Koeman-Stoitchkov-Laudrup sin lograr dar alcance al cohete blanco.
Por eso me dolió tanto que el 'tío Ramón', como llamábamos cariñosamente a Mendoza, se atreviese a destituir a Antic tras ganar al Tenerife (2-1) y proclamarse campeón de invierno. Aquello fue un gesto de soberbia similar al que dio con los huesos de Del Bosque en las listas del INEM tras ganar la Liga de 2003. En ambos casos, el destino deparó al madridismo un castigo similar a las plagas de Egipto. En 1992, el Barça se encontró el título tras el 'atraco' de García de Loza en el Rodríguez López y las torpezas de Beenhakker desde el banquillo. Muchos nos acordamos de Antic y la frase se convirtió en un clásico: "Con Radomir, esas ligas malditas de Tenerife se habrían celebrado en Cibeles". Moraleja: hay que dejar trabajar a Schuster para que no sea el nuevo Antic



