El noveno que fue el décimo

Noticias relacionadas
Los deportes más lastrados por el dopaje viven situaciones que rozan tal absurdo, que ya hubieran querido para sus obras teatrales Miguel Mihura o Eugène Ionesco. La reciente confesión de Marion Jones de que hizo trampas en los Juegos de Sydney 2000 va a desembocar en la anulación de sus cinco medallas. Su sanción hará correr el escalafón en quince puestos. ¿Quién le iba a decir a Merlene Ottey, Beverly McDonald o Tatyana Kotova que, siete años después, iban a convertir sus cuartos puestos en relucientes bronces? El colmo del absurdo es que el oro de 100 metros recaerá en la griega Ekaterini Thànou, de quien una olimpiada después, en Atenas, se supo que corría dopada. Tenemos dudas, además, de qué ilusión podrá hacerle ahora a estas atletas ser medallistas, cuando ha pasado tanto tiempo de que una tramposa les robara la foto, la gloria y hasta el dinero.
No ha tenido que esperar tanto Pereiro para recuperar el Tour que Landis le quitó a golpe de anabolizantes, pero estos catorce meses se le han hecho eternos. El gallego es por fin el titular del décimo Tour español, que en realidad debía haber sido el noveno, porque cronológicamente lo corrió antes que Contador. Otro ingrediente absurdo. De paso, Sastre pasa a ser el tercero, aunque él insiste en que se siente cuarto, porque no pudo disfrutarlo en París. A Sastre le robaron la foto. A Pereiro, al menos, se la han devuelto en parte. Miremos, en cualquier caso, el lado bueno del asunto: este galimatías es producto de que la lucha antidopaje funciona. Y eso ya no es tan absurdo.



