La derrota lo hace más frío y valiente
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La imagen del presidente vencedor, idolatrada y prepotente es la que muchos tienen de José María del Nido. Es cierto, se lo ha ganado a pulso en muchas ocasiones. Lo acusan de ser orgulloso y chulo, engrandecido por los títulos, aunque los que estamos doctorados en él hemos detectado una seria evolución en su personalidad. Quizá no llegue al exterior, pero ha aprendido a escuchar, rectificar y pedir perdón cuando las cosas no se han hecho correctamente. Su torrente de exigencia y carácter no deben confundir los conceptos. Y en las derrotas es cuando se viene aún más arriba. Ese perfil sí es desconocido para la mayoría. Si la corrida es astifina y peligrosa, Del Nido se hará más fuerte. No esperen una reacción airada contra el equipo o el entrenador si las cosas no se enderezan. Veremos entonces su figura más fría y valiente. Correrá hacia adelante, sin mirar atrás, reforzará la confianza, no le temblará el pulso para tomar decisiones y transmitirá fe y energías. Se lo dice uno que ha provocado su ira por las críticas en más de un caso. Su gestión es envidiable y triunfadora; su sevillismo, desatado; su carácter no tiene términos medios: con él o contra él.
Por cierto, ¿cuánto valdría la papilla de Escribano si ofreciera prestaciones extraordinarias sin dar doping? ¿Saben que lleva la papilla? Se lo diré: plátano, verduras, arroz, espaguetti... Este medicamento tan peligroso se construye con una minipimer en las cocinas de los hoteles. Y es un producto tan secreto que el equipo deja lo que sobra en los vestuarios. Ya está bien de engañar a la gente, de mentir, de especular. ¡Dejen a Antonio en paz!



