Mossèn Jaume Camarasa
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Ayer estuvimos en el funeral por la madre de Jordi Puyaltó, doña Carmen, en Sancho de Ávila . Mucho amigo, mucho perico. Dani, Perelló, Martínez, Munté, Anna Maria Fusté, Rius, Fanlo, Andreu... Muchos. Y conocimos uno nuevo, el sacerdote oficiante, Mossèn Jaume Camarasa. Voz clara, mensaje más claro todavía. Toneladas de contenido en cinco minutos de charla de cura de verdad. Después de su magnífica exposición levantó la cabeza y dijo: "He sabido además que Carmen quería mucho a un club grande, muy grande". A continuación despidió el duelo. Mientras se desalojaba la sala, me fui hacia él. Había hablado desde el corazón al corazón de todos y había dejado ese apunte españolista. Dani y compañía reaccionaron igual. No le había dado la mano a Camarasa y ellos estaban allí, para saludarle, para conocerle, para profundizar en sus palabras.
Mossen Jaume se arrancó: "Les he visto y me he emocionado, están ustedes aquí, acompañando a la familia... y yo soy periquito. He confirmado que somos eso, un club muy grande". Sin dar tiempo a la respuesta, añadió: "Pero no soy socio, no tengo dinero para el carnet, nunca voy a los partidos". Dani reaccionó de inmediato: "Está usted invitado a todos los partidos que quiera; le llamaremos cada semana". Los ojos de Mossèn Jaume Camarasa brillaron entonces de un modo especial. Son pequeñas grandísimas historias de un día triste en Barcelona. Y merecen su espacio en los papeles, sí.



